lunes, 7 de septiembre de 2009

CARTA A UN FUTURO PROFESIONAL DE LA EDUCACIÓN

ESTIMADOS DOCENTES EN FORMACIÓN, ESCUELA NORMAL DE TECÁMAC, COMPAÑEROS:

A plena luz del comienzo del siglo XXI, me permito enviarles un cordial saludo y mis mayores deseos para toda la comunidad institucional que integre la honorable normal de Tecámac, resaltando lo siguiente:


Nos queda un largo trayecto por recorrer y es evidente que no hemos encontrado el camino adecuado y… tal vez nunca lo encontremos o definitivamente estemos en él, lo cierto es que debemos de prepararnos día con día adquiriendo capacidades y habilidades para asumir un rol determinado o en contextos diversos, resolviendo problemas ante acciones complejas de manera eficaz por medio de recursos cognitivos; de esta manera llegaremos a ser profesionales de la educación.

Existen un sin fin de procesos que pueden contribuir a formar-nos como profesionales de educación, (hablando de cualquier nivel educativo) sencillamente porque el proceso de formación profesional lo construimos y guiamos nosotros mismos, por ende; debemos de entender que este mismo proceso de formación tiene sus cimientos en el enfoque constructivista: resultado de la construcción propia del individuo al interactuar con su medio a partir de conocimientos surgidos de prácticas sociales concretas, priorizando el proceso y no el producto. Ahora bien, el hecho que algunos docentes lleven un proceso más avanzado que otros no significa que no nos apoyemos unos a otros, sobre todo si nuestros objetivos son comunes en cuanto a mejorar la calidad educativa de nuestros educandos, su calidad de vida, para que comprendan e intervengan en ella de manera adecuada mediante acciones de cambio, porque es una realidad que la sociedad lo necesita.

Es por ello que nace este pequeño escrito, en el cual el propósito no es dejar algo rígidamente establecido, sino más bien compartir ocho aspectos que me parecen importantes explicar, ya que analizando mi experiencia fueron los mismos los que permearon este proceso de profesionalización, aún más, estoy seguro que en cualquier nivel de formación o profesionalización en que se encuentren, de alguna u otra manera se identificaran con algunos o todos los aspectos que se destacan, no precisamente en ese orden o tal vez si, pero dejando claro que el entendimiento, interpretación o significado que se le dé, será en relación a sus propias construcciones mentales, porque lo que menos pretendo es mostrarme como “recurso tecnológico que facilita el proceso y la vida de los individuos”, porque de eso ya estamos “artos”.

En el afán de crecer como comunidad de aprendizaje y formar-nos profesionalmente, me enfoco a compartir este pensamiento, ya que la reflexión en colectivo no significa nada cuando no se comparte e intercambia, por lo que mucho menos se construye. Por ende; hago énfasis que en la reflexión individual se involucra un pensamiento y sentimiento por algo, este algo puede ser una problemática o necesidad detectada en determinado contexto, en donde la función social, la intensión o finalidad educativa se hace presente, es así como ese sentimiento, pensamiento y teniendo en cuenta nuestra función social marcada por una intensión educativa guía nuestras acciones, es como si a partir de esas inquietudes que nos surgen produzcan esas acciones y en ellas se desequilibran los esquemas de operación, se movilizan los saberes y se crea lo que un autor reconocido llama como “habitus“ mental y, son precisamente esas acciones las que hacen que no nos quedemos con nuestro propio pensamiento, sino que lo compartamos con otros (reflexión en colectivo); de esta manera se colabora, se intercambia y se construye algo, es así como comenzamos a apropiarnos de conceptos hablados en singular (comunicando-nos, relacionando-nos, reconociendo-nos), ya que de esta manera se comienza a vislumbrar una estrategia adecuada en el proceso de profesionalización: creando un plan de acción y mejorando las condiciones de trabajo. Ahora bien, esta reflexión en colectivo genera la adquisición de conocimientos, habilidades, actitudes y valores, es decir; las competencias docentes, en donde se entiende el por qué y para qué los perfiles de egreso y el trabajo con el programa de estudio (curriculum) que a su vez propicia el proceso de profesionalización. Cuando nos hacemos profesionales de la docencia surge otro aspecto interesante; la pasión por el propio aprendizaje, en donde esta pasión involucra un motivante, un interés y un deseo por seguir aprendiendo, lo que conduce a realizar una investigación analítica-empírica (sistemática) y esto provoca que en la experiencia practica se llegue a transpolar la teoría a la práctica, se diversifique la práctica y se empleen métodos globalizados y es así como se comienza nuevamente a la reflexión individual: analizando, investigando y significando nuestra experiencia y acciones, pero ¿solo nuestras? En lo personal considero que no, porque también se aprende de la experiencia de los demás, sólo que: Elbaz (1981) en los círculos científicos el conocimiento experiencial no es valorado, por lo que los docentes no concientizan su propio conocimiento.

Cordialmente me despido, no sin antes mencionar que bajo su ética profesional estará la formación de muchas personas y, en sentido de concientizar; pido reitere la responsabilidad que implica está tarea, asumiendo que un docente no puede perder el habito para reflexionar individual y colectivamente, generar acciones de cambio, así como adquirir conocimientos, habilidades, valores y actitudes necesarias para lograr un optimo nivel de profesionalización, empapándonos de la pasión y placer que proporciona nuestro trabajo y… recomiendo que cuando perdamos el gusto por actualizarnos y dejemos de suspirar, emocionarnos y sentirnos satisfechos por lo que hacemos con los alumnos, sea en dos, cinco, diez o quince años; recordemos que los orígenes del ser humano se dieron en el agua, y así cuando ésta tiende a ensuciarse o contaminarse existe un proceso que la recicla y la purifica.

H. Gustavo Torres García.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Guso:

En 2002 apareció en nuestra escuela eso de "Comunidades de aprendizaje", afortunados encuentros y desencuentros han ocurrido en torno a este posicionamiento frente al proceso de formación; prefiero hablar de posicionamiento más que concepto.

Me parece que desde nuestras individualidades hemos tratado de sumarnos a este proceso permanente de reculturización institucional, situación que ha ido construyendo una identidad colectiva que imprime un sello característico a los que aquí habitamos, nos formamos y acompañamos.

Leerte es evidencia de que estamos trabajando y que hemos recorrido camino en eso de una "comunidad de aprendizaje".

Por supuesto que aún falta, pero hay esquemas sobre los que se puede construir, compartimos significados y significantes que nos permiten argumentar lo que hacemos.

Tratando de ser congruente en esto... todos somos expertos y todos somos aprendices... sigamos compartiendo.

Saludos y abrazos Guso... muchos y sabes que son con mucho cariño.

Susana