Los actos, consecuencia de la reflexión
Pensar para pensar diferente, pensar diferente para actuar diferente
Todos los días en la escuela, una palabra clave que surge entre las aulas es reflexionar, reflexionamos la lectura revisándola, generando ideas en torno a ejes de análisis y conversando sobre ellos, elaboramos escritos de la reflexiones acerca de un tema puesto en común, pero ¿será que en todas estas acciones estamos dando cuenta de de este proceso de reflexión?, para responder a esta pregunta es necesario partir del reconocimiento del concepto.
Primero hay que saber de qué hablamos, pues muchas veces ocupamos entre nuestro hablar cotidiano palabras que no sabemos explicar y que cuando se nos pregunta, qué significa, terminamos dando una cátedra superficial que poco abarca al contenido de la palabra y a su utilización en la oración, y es de esperarse, pues nadie camina por las calles con un diccionario en la bolsa.
Como dice Dino Salinas (), la idea de reflexionar no es nueva, es un viejo concepto que ha tomado fuerza formando parte de la moda actual que es vista por muchos como una idea novedosa, que hoy se vuelve parte de la vida diaria, es cuestionar lo que se hace y piensa en qué hago, cómo lo hago y por qué lo hago.
El acto de reflexionar se evidencia cuando se toman decisiones, siendo este en ocasiones un proceso consciente, y en ocasiones algo evidente que pasamos por alto como algo inconsciente, y que caemos en la cuenta de lo que ocurre hasta percibir las consecuencias de los actos, sobre todo cuando son negativas. Si consideramos a la reflexión como aparece en el diccionario esta viene siendo el hacer una pausa, pues generalmente abordamos la vida a altas velocidades, es detenerte y pensar, es observar con calma y tranquilidad lo que se está haciendo.
Si nos basamos en este aspecto nos podemos dar cuenta que en muchas ocasiones de nuestra vida caemos en este proceso, por ejemplo, una persona camina a medio día por el parque, es un día caluroso y comenzó a trabajar desde las siete de la mañana; al pasar entre los árboles recuerda que no ha comido en todo el día, entonces surge en él el proceso de pensar, ¿qué hago?; si paso a comer a una cafetería, podría no darme tiempo de llegar a mi cita dentro de 15 minutos, si paso a la tienda, es seguro que no sea una comunidad saludable, pero si no como algo, después tendré hambre mientras esté en la reunión, pero es determinante que no puede llegar tarde, porque arruinaría mi presentación, sobre todo cuando se trata de negocios.
Si analizamos con claridad la situación, podemos percibir como es que a veces nos detenemos a pensar sobre nuestro actuar para saber cuál será la mejor opción y valoramos las consecuencias de nuestros actos, nuestras posibilidades y limitaciones, e incluso consideramos algunas precauciones.
Lo mismo debiera pasar durante las prácticas, pues muchas veces las jornadas de trabajo transcurren tan a prisa que no nos percatamos de lo que pasa, sobre todo cuando estamos conviviendo con treinta niños que son un mundo particular por cada uno y a los cuales, es necesario atender de manera individualizada, lo que se complica si te dicen lo importante que es que no dejes de atender al grupo, con un sentido pedagógico; pero es indudable la necesidad de congelar las imágenes y pensar sobre ellas tomándonos el tiempo necesario, visualizando las situaciones que se generan en el aula como consecuencia de las acciones de las personas que interactúan en ese espacio (considerando que la persona está constituida en sí por los referentes de su familia, comunidad y de origen genético).
En la práctica la reflexión no es tan fácil, pues en este proceso de observar y revisar cada aspecto, solemos perder de vista algunas cosas, miramos todo, pero nos perdemos de los detalle; también suele suceder que nuestra visión es corta, y nos cuesta trabajo pedir apoyo a otros, pedirles sus comentarios para ampliar nuestros juicios y hacerlos más objetivos, ocurre también que nuestra visión de nosotros mismos nos ciega a encontrar puntos débiles y fuertes, reales, y en ocasiones se llega a justificar lo que se hace con una excusa de porque lo hago.
Estas problemáticas, que son tan comunes y visibles en muchas aulas, y que en algún momento forman parte de nuestra intervención (sobre todo porque se trabaja con personas y las personas son subjetivas), y son el principal sustento de por qué reflexionar, ya que vienen a ser uno de los aspectos que impulsan la mejora.
Zabala cita a Elliot para plantearnos dos aspectos sobre los cuales se puede generar una transformación en la práctica, y que ambas surgen en un proceso de reflexión: primero el que este se genere como consecuencia de la investigación, es decir de tener un conocimiento que te haga surgir una idea innovadora y que es posible de plantear para luego verificar si esta está es productiva y entonces se genera el cambio. También está la transformación que se genera como respuesta a una problemática planteada, y por lo tanto trae consigo la necesidad de informarse y cambiar ese aspecto que se detecta es un conflicto.
Si hablo de la transformación, es porque la reflexión tiene como consecuencia el generar un cambio, pues no sería ético hacer un análisis para finalmente dejar todo al aire y vacío, y que es muchas veces lo que sucede, reflexionamos oralmente, generamos un gran discurso que impacta, pero en realidad, cuántas veces ese discurso planta sus raíces en tierra firme para dar así fruto. Hablo de transformación, porque es necesario cambiar , pues pertenecemos a un mundo en constante cambio, aún nosotros, como seres humanos estamos en constante cambio, entonces, porque no cambiar, dicen que lo más recomendable para generar un cambio en el mundo es cambiar nosotros mismos, y como maestros también cambiar nuestra práctica.
Centro mi visión en la persona, como individuo, como ser humano, porque jamás dejamos de serlo, no dejo de ser yo (la hermana, la amiga, la compañera, la estudiante, etc.) para ser maestra, y entonces es necesario comenzar por reflexionar sobre uno mismo para luego reflexionar sobre lo que se hace, lo cual es complejo, pues poner en tela de juicio a nuestra persona es poner sobre una telaraña nuestros criterio e intereses.
Pero es un buen ejercicio, pues una vez listos podremos plantearnos cuestionamientos sobre nuestra practica tales como: ¿Qué es lo que está sucediendo?, ¿cómo favorece o limita esta situación?, ¿por qué está sucediendo?, ¿Qué/cómo se generó esta situación?, ¿Qué tanto tiene que ver conmigo?, ¿qué podría haber hecho para que resultara mejor?; pues en la medida en que seamos capaces de ver más allá, seremos capaces de reflexionar, de pensar diferente y por lo tanto de generar un cambio.
Es necesario que como docentes, nos veamos como personas capaces de reflexionar como un medio para encontrar soluciones, que apoye a la práctica educativa, que me apoye a mejorar como persona, que genere una transformación personal, profesional, del aula y grupo de niños, y también de la comunidad educativa y del contexto social en que se encuentra. Entonces nos queda la tarea de lleva a la practica la reflexión, de detenernos para pensar, y pensar sobre el pensar, para generar cambios, acciones y actitudes diferentes, que sean acordes con lo que la sociedad nos está demandando.
1 comentario:
LO que escribe se "junta" mucho con las ideas de competencia..
felicidades
Enrique Morales
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