QUÉ HAGO CON REFLEXIÓN
La reflexión de alguna manera exige tener conciencia de tal o cual situación. La reflexión, permite cuestionar los saberes en los que fundamentamos nuestra práctica docente y posibilita la estructuración de nuevas estrategias para la acción.
Es por ello que durante mi formación docente se ha partido de la necesidad de dotar gran riqueza de conocimientos teóricos, con los cuales podamos orientar lo que hacemos, por qué lo hacemos, cómo lo hacemos, con qué lo hacemos, y para qué lo hacemos. Por lo tanto, esa actividad práctica constantemente se vincula con el conocimiento.
La reflexión sobre la tarea docente implica no perder de vista la relación entre la actividad que realizamos y nosotros quienes la realizamos. Es decir, la actividad docente, es producto de la intervención de diferentes agentes en determinadas condiciones. Se trata de un fenómeno de múltiples dimensiones: las condiciones sociales de la comunidad en la que nos desarrollamos, la organización y las relaciones que se establecen al interior de cada institución, el nivel en el que se trabaja, entre otros.
A un profesor reflexivo, se le concibe como un innovador, investigador activo, observador, etc. En resumen, el profesor se convierte en un investigador en el aula y fuera de ella.
Existen ciertas actitudes necesarias para reflexionar que en ocasiones no percibimos o tomamos en cuenta y para las cuales debemos ser conscientes de:
¢ Sinceridad: Reflexionar sobre la practica profesional, sobre las condiciones sociales y finalmente reflexionar en grupos de apoyo mutuo, con el fin de retroalimentar la información y tomar decisiones asertivas que nos permitan desenvolvernos.
¢ Responsabilidad: Considerar los resultados previstos e inesperados
¢ Intelecto: Prestar atención a las alternativas, reconociendo nuestros errores y al mismo tiempo, preguntándonos por qué hacemos lo que hacemos.
1 comentario:
Si se puede escribir
Enrique Morales
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